martes, 6 de diciembre de 2011

El cóndor y el búho


Es sabido que el búho es un pájaro nocturno, que está acostumbrado a ver en las tinieblas y tiene el oído muy desarrollado. El cóndor, en cambio, es capaz de ver a la distancia, a plena luz del día. Por esto, rara vez se encuentran. Pero, un día en que el cóndor estaba volando tranquilamente y el búho dormía en la rama de un árbol, unas nubes negras llegaron de repente y taparon el sol. El cóndor se posó sobre una rama vecina y el búho se despertó sobresaltado por el ruido.

–¿Qué pasa? ¿Ya es de noche?– preguntó desperezándose.

–No sé– respondió el cóndor –parece, pero yo no estoy cansado ni tengo sueño. Es extraño que haya calculado tan mal y no haya podido regresar a tiempo a mi nido. Ahora me voy a tener que quedar por acá.

–¿Por qué no vas igual? De noche se puede cazar mucho. Mirame a mí como vuelo y puedo atrapar lo necesario para comer.

–De día se caza mejor, se ve más lejos.

El búho y el cóndor se pusieron a discutir acerca de si era mejor la luz o las sombras, y no lograron ponerse de acuerdo.

–¿Y si por un día hacemos la vida del otro?– se le ocurrió al búho.

A los dos les pareció una buena idea para tratar de descubrir quién tenía razón, y fijaron un día de la semana siguiente para realizar el experimento.

El búho estuvo despierto y cazando de día y el cóndor dejó su nido por la noche.

Al día siguiente se encontraron los dos. Estaban con ojeras, cansados, con algún moretón y con hambre. El experimento había fracasado, cada uno siguió pensando lo mismo y se separaron, enojados el uno con el otro.

–¡Qué lástima!– pensó un gusanito que, escondido entre las hojas del árbol para que no lo vieran, había sido testigo de los dos encuentros. –No se dieron cuenta de que cada uno estaba hecho para una cosa diferente.

Y siguió feliz su camino, arrastrándose despacito sobre una rama.

Para pensar después del relato

Este cuento fue escrito mucho antes de que se realizara esa publicidad en la cual varios amigos deciden intercambiar sus actividades. Cada uno de ellos intenta realizar el nuevo trabajo de la misma forma en que realizaba el suyo. Al igual que en este relato, fracasan.

Es posible comparar la situación del búho y del cóndor con los seres humanos. Cada uno tiene capacidades diferentes y gustos diversos. Cada uno encuentra su realización de una forma diferente, aunque cada uno está llamado para realizar algo en el mundo. Podemos preguntarnos: ¿estamos «hechos» para vivir en la luz o para permanecer en las tinieblas? ¿Nos preocupamos por buscar la luz?

¿Por qué el gusanito estaba contento con su vida?

¿Nos hemos preguntado cuál es la misión que tenemos en la vida?

El mes de diciembre es un buen momento para pensar acerca de lo realizado durante el año; preguntarnos qué nos faltó hacer y qué logros hemos obtenido. También podemos reflexionar acerca de nuestra búsqueda de la luz, si hemos descubierto aquello a lo que estamos llamados o qué es lo que podemos aportar al mundo.

El Rincón del Cuento
por María Inés Casalá y  Juan Carlos Pisano
La hojita de los niños, San Pablo, 26 de marzo de 2006
Diciembre 2011 – Diálogo 206

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